TURISMO “INDOOR” EN LA COMARCA ANDINA DE CHUBUT

_DSC7540La Comarca Andina de Chubut no es sólo esquí en La Hoya. Museos, casas de té galés, cervecerías artesanales y antiguas capillas son algunas opciones indoor cuando en invierno el clima priva al turista de disfrutar de una jornada en la nieve o en alguna de sus reservas naturales.

Mirar la lluvia o una nevada durante la merienda desde la ventana de una casa de té galés o en una cervecería artesanal, con una picada y amigos, son algunas de las opciones de la Comarca Andina de Chubut cuando la jornada no es de esquí. También hay propuestas más culturales y espirituales, como recrear la historia y la fe de los colonos de esas tierras mediante visitas guiadas a sus antiguas capillas, un recorrido por el único museo lituano de Argentina o un centro cultural que expone valores de los pueblos nativos e inmigrantes de la región.

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Si la lluvia o la nieve arrecian sobre los atractivos naturales cercanos, como el Parque Nacional Los Alerces o la reserva de las Cascadas Nant y Fall, y si ya se hizo el obligatorio paseo en el tren histórico La Trochita, la comarca formada por Esquel y Trevelin aún tiene interesantes actividades “indoor”.

 EL TÉ GALÉS 

Una merienda galesa en un salón con calefacción a leña en un día de lluvia es uno de los mayores placeres que propone esta comarca en la estación fría. Las casas de té galés son un clásico en el valle del Chubut, ya que estos inmigrantes arribaron cerca de su desembocadura en el mar y remontaron sus márgenes unos 900 kilómetros, poblándolas con su cultura hasta la cordillera, con Gainman y Trevelin en ambos extremos como ciudades destacadas para esta ceremonia ancestral.

“Usted, colóquelas como quiera, pero la torta va en el borde de la mesa y la tasa hacia el centro, por tradición y para que no caigan migas en el té o que se derrame sobre sus rodillas”, explica Susana, de Naim Maggie  (“Abuela Maggie”, en galés),  una de las casas de té de Trevelin, a un visitante que había acomodado los implementos al estilo argentino.

Imagen  Un té galés se sirve en una tetera llena, a veces “vestida” con un abrigo de lana tejida para conservar el calor, y permite repetir varias tasas. Para cada comensal, el té puede estar acompañado de una decena de porciones de escones, tortas y tartas -saladas y dulces-, quesos, tostadas, cremas, confituras, manteca, mermeladas y dulces regionales (en estas casas de la comarca son especiales los de cilantro y arándanos).

Difícilmente alguien de apetito normal pueda ingerir toda esa exposición de repostería, por lo que es común que muchos clientes salgan cargados con viandas para el desayuno del día siguiente.

 

 CERVEZAS ARTESANALES

También en lo gastronómico -aunque para no forzar el organismo no conviene ir el mismo día del té galés- Esquel tiene la opción de sus cervecerías artesanales, donde sus propios dueños preparan la bebida, en algunos casos con sabores particulares.

Estos artesanos de la cerveza se dedican a pequeñas producciones de alta calidad de las variedades negra, rubia y roja. Para ello utilizan el mejor lúpulo del país, que se cultiva en El Bolsón y sus alrededores, en la Comarca del Paralelo 42, la línea que marca el límite entre Chubut y Río Negro.

Algunos producen cerveza de trigo, como la que se consume en Alemania y otros países europeos, para lo que importan ese cereal de Bélgica, ya que es distinto al de las pampas argentinas.

Uno de estos emprendedores es Randall Williams, quien prepara una especialidad ahumada de su marca Heiskel y en su cervecería impuso la  innovación al permitir al público ver la planta familiar elaboradora, donde están la sala de embotellado, la cámara de frío y la cocina, además del deposito de malta, levadura y botellas.

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Con un tenue fondo musical, esas especialidades se pueden saborear acompañadas de pizzas o picadas que incluyen quesos y chacinados regionales, hasta cerca de la medianoche, salvo viernes y sábados, cuando el boliche atiende hasta más tarde.

Randall aclara que a las 23 dejan de expender cerveza, aunque el lugar permanece abierto aproximadamente una hora más. “No es necesaria la campanilla, al estilo europeo para avisar que se sirve la última ronda, porque son todos vecinos y conocen el horario”, comenta, aunque aclara que “quizás en algún momento la instale sólo por una cuestión de ambiente típico de cervecería”.

CULTURA E HISTORIA
En lo cultural se destaca el Museo Lituano Olgbrun, el único del país dedicado a esa colectividad, con tres salones divididos en forma temática sobre historia y cultura de esos inmigrantes bálticos, con objetos de todo tipo traídos por ellos o donados por otros residentes en el país. También incluye una sala sobre ciencias naturales.
El museo se encuentra en la localidad de Villa Ayelén -entre Esquel y Trevelin- y fue declarado de Interés Cultural por la Cámara de Diputados de la Nación y organismos provinciales. Los propietarios son Olga Ipólito y Bruno Lukosevicius -“Olgbrun” es un acrónimo de ambos nombres de pila-, un matrimonio próximo a cumplir sus bodas de oro.
Él es el lituano, pero ella es la directora del museo y quien guía a los visitantes y con entusiasmo detalla el origen de cada pieza, ya sean fotos, indumentaria, utensilios, textos o muebles.

Olga acompaña la visita con anécdotas y recuerdos de sus viajes a Lituania o rememora historias que escuchó de estos inmigrantes, o datos referentes al país como si los hubiera vivido o si fuera ésa su tierra de origen.

Entre otros objetos, está la imprenta que trajeron los inmigrantes bálticos en 1886, en la que se imprimía el semanario comunitario “Balsas”, que era “la voz de los lituanos en Argentina”.

La visita puede culminar con un té en el living de su casa o, si el clima lo permite, una caminata por “Villa Olgbrun”. En este caso uno puede sentir que hace un paseo en el tiempo, ya que la Villa es un espacio turístico en un predio –también de su propiedad-, con cabañas e instalaciones, jardines y angostas calles de tierra bordeadas de césped, que remeda una villa lituana de 1820.
En la Comarca Andina no falta la propuesta religiosa o cultural, con capillas históricas en Esquel y Trevelin, como las Seion y Bethel, respectivamente. Son dos de los tantos templos que construyeron los galeses en su avance por las costas del Chubut, en las que se ofrecen visitas guiadas.

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La Capilla Bethel se encuentra sobre una loma en un descampado de Trevelin. Se trata de un sencillo edificio rectangular de ladrillos, con techo de chapas a dos aguas, erigido en 1910, frente a donde se encontraba el edificio original desde 1887, construido totalmente con troncos.

Ése fue el primer templo que construyeron los galeses en Argentina, quienes pertenecían a diversas denominaciones de la fe cristiana pero decidieron unirse en una sola iglesia en esas soledades patagónicas, donde mantuvieron viva la unidad religiosa del pueblo de Gales en el país. En la capilla que se mantiene en pie y fue recientemente restaurada se pueden encontrar objetos y  mobiliario de la época.Imagen

La Capilla Seion fue construida en el centro de Esquel entre 1904 y 1915 y desde entonces se trasladaron a ella las reuniones de fe y sociales que antes los galeses realizaban en la chacra “Las Margaritas”, de la familia Freeman. El templo, que se mantiene intacto, se edificó sobre piedra y barro, con paredes de ladrillo cocido y techo de chapas, en tanto en el interior los asientos se encuentran en el centro, con pasillos de circulación laterales y, al frente, un sillón para el predicador, una biblioteca y un armonio a pedal.Imagen

Un edificio más moderno, aunque ideal para un paseo bajo techo para una jornada de clima inclemente, es el Centro Cultural Melipal, instalado en la antigua terminal de ómnibus de Esquel. Allí se exponen de diversas maneras las expresiones culturales de los antiguos y actuales habitantes de la comarca, y cuenta con espacios para exhibiciones, feria artesanal y de regionales y un salón de conferencias.

Melipal significa “Cruz del Sur”, en mapuche, y el nombre obedece tanto a la importancia que tiene esta constelación en el firmamento para los viajeros y los pueblos del mundo, como por la ubicación de la Patagonia, en el sur del planeta.-

Gustavo Espeche ©rtiz

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