EN EL VALLE DE LA LUNA LA NATURALEZA ES CÓMPLICE DE LA IMAGINACIÓN

El Hongo

ImagenUn gusano y un hongo gigantes, un submarino varado sobre una colina, una esfinge telúrica similar a la egipcia y una cancha de bochas cuyos pesados bolos sería imposible manipular. No son alucinaciones causadas por el impiadoso sol de San Juan, sino algunas de las figuras de piedra rojiza u ocre que hacen famoso al Valle de la Luna.

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Recorrer este parque provincial del oeste argentino es como pasear por un gran museo de arte moderno a cielo abierto, en el que la naturaleza expone sus obras esculpidas por la erosión, aguas desaparecidas hace millones de años y el viento siempre presente.

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Esta reserva natural es uno de los «parques de piedra» del complejo geológico Ischigualasto-Talampaya, que se extiende por las provincias de San Juan y La Rioja, y en ésta alberga también al Parque Nacional Talampaya. Ambos fueron declarados en conjunto Patrimonio Natural de la Humanidad, por Naciones Unidas en 2000.

Los guías de San Juan se jactan de tener en su provincia al menos 300 días de sol por año. Eso es un buen aporte para sus reputados vinos y también condición para recomendar que los paseos en Ischigualasto se hagan por la tarde o bien temprano, cuando el sol no castiga desde el cenit y además las luces y sombras permiten mejores fotos de las geoformas.

EL PASEO

Los paseos parten desde el acceso a la reserva y se hacen sólo en vehículo, ya sea propio, contratado o del parque. Siempre los visitantes son acompañados por un guía, y si bien se supone que el servicio está incluido en la tarifa de la entrada, al final del recorrido generalmente éste explica que no pertenece a la dotación de guardaparques de la provincia –por lo que su salario es mínimo- y solicita una propina o “colaboración” a voluntad.

El Gusano

ImagenLa primera parada fue frente a El Gusano, que desde lejos, parecía una versión gigante de ese insecto, y esa mañana estaba rodeado de diminutos y coloridos seres vivos, que parecían otros insectos menores, pero eran decenas o cientos de turistas de varios ómnibus de la primera excursión, que vociferaban entusiasmados, fotografiaban todos los detalles y grietas y posaban para la posteridad junto a cualquier piedra. Para evitar compartir cada parada con ese ruidoso enjambre de visitantes, hubo acuerdo en «sacrificar» una observación minuciosa de El Gusano y partir pronto hacia la siguiente parada.

La combi se alejó rauda de la media docena de grandes bloques de unos diez metros de altura que conforman esa figura, mientras el guía explicaba que unos finos sedimentos grises y negros que vetean la estructura amarillenta indican que allí hubo un lago. Hacía referencia a un tiempo anterior a la existencia de la cordillera de los Andes y los cataclismos que convirtieron el lugar en un desierto árido, hace cientos de millones de años, cuando ésa era tierra de dinosaurios, de los cuales se han hallado restos en el parque y son exhibidos en su Centro de Interpretación.

Valle Pintado

La siguiente caminata fue junto a Los Rastros, una formación oscura, de capas de sedimento que según el guía contiene mucho carbono, producto de la descomposición de bosques y una variada flora prehistóricos. Este sendero lleva a un balcón sobre Valle Pintado, una depresión con prominencias como domos o conos con numerosos estratos también sedimentarios de tonos grises, rojizos y ocres.

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Una de las varias versiones del origen del nombre Valle de la Luna es adjudicada a Valle Pintado, ya que se dice que es similar a lo primero que se conoció por fotos de la superficie lunar. En su lejano pasado, fue una llanura surcada por ríos, a los que iban a abrevar y alimentarse animales que se extinguieron.

La Esfinge y la Cancha de Bochas

DSCF1764Cuando una decena de vehículos particulares y buses arribó a esa parada, la combi de prensa ya partía rumbo a la Cancha de Bochas, en un juego unilateral que se repitió en cada punto y permitió a los periodistas trabajar con total comodidad aunque cierta premura.

ImagenPara llegar a esta explanada cubierta de curiosas esferas del tamaño medio de una pelota de fútbol, se deben caminar unos 400 metros desde la parada y pasar frente a La Esfinge, que semeja una copia natural del famoso monumento de los antiguos egipcios. Entre ambos puntos hay unas formaciones bajas y sinuosas, sin similitud a figura alguna pero que se hicieron famosas luego de aparecer en una foto de revista en la década del 70 y que se las comparara con imágenes de la Luna, por lo que otra versión también les adjudica el origen del nombre al parque.

El guía aclara que, en documentos que datan de 1907, ya se hacía referencia al lugar con la denominación actual, al señalar que los arrieros llevaban su rebaño por “El Valle de la Luna“, que se supone que en esa época se refería a la imponencia del satélite terrestre visto desde ese lugar.

Las esferas de la Cancha de Bochas son llamadas “concreciones” y fueron moldeadas por la naturaleza en millones de años a partir de una pequeña piedra que hizo de núcleo, a la que se le adhirieron otras partículas minerales en forma pareja hasta darle la actual redondez. La cantidad de bochas es variable, ya que en época de sequía el viento las tapa con polvo y cuando llueve el agua las lava y las deja al descubierto en la zona más baja del valle, a donde llegaron tras un rodar muy lento, aún para los tiempos geológicos, que suelen ser muy largos.

El Submarino (*)

La combi se dirigió desde esa zona baja hacia el punto más alto del recorrido y pronto aparecieron las dos torres de El Submarino. En cada una de ellas, sendas rocas yacen a unos quince metros de altura en un fino equilibrio sobre una base más angosta, que por ser más blanda que la parte superior está más erosionada.

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Se supone que en algunas décadas El Submarino correrá la misma suerte que las desaparecidas El Loro y La Lámpara de Aladino, que se desmoronaron tras pasar el límite de ese equilibrio, ayudadas por leves movimientos sísmicos (*). Un guía comentó que se estaba estudiando alguna forma de ajustar las piedras entre sí, con pernos internos que no alteraran su imagen, para prolongarle la existencia.

En los últimos inviernos, autoridades de Turismo sanjuaninas colocaron junto al Submarino una carpa en forma de medio domo, desde la cual miembros de la Orquesta Sinfónica de San Juan –entre otros intérpretes- ofrecían conciertos a los turistas, mientras en un par de stands cercanos se daban a degustar vinos y otros productos provinciales, junto a folletos alusivos.

Allí recibían al turista con clásicos de Bach o tangos tradicionales como La Cumparsita, o modernos como Libertango. Sin embargo, también recibió críticas justamente por la contaminación sonora, que afectaba una de las características de estos parques de piedra en el desierto, que es el silencio sólo alterado naturalmente por el viento, y además porque las carpas causaban contaminación óptica.

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ImagenEl Hongo

ImagenCuando los primeros turistas llegaban agotados por la subida hasta la base del Submarino, los periodistas ya se dirigían hacia El Hongo, figura emblemática del Valle de la Luna, junto a la cual todo visitante quiere posar para una foto, con el telón de fondo de las Barrancas Coloradas, de más de 200 metros de altura. Este paredón pertenece a la formación geológica Los Colorados, la más joven de Ischigualasto por ser la capa más superficial del triásico superior, con unos 200 millones de años de antigüedad.

ImagenYa para el cierre del paseo, mientras el cielo comenzaba a desangrar sobre el borbotón dorado que encandilaba desde el horizonte como negándose a desaparecer, la combi rodaba por un polvoriento camino naranja, junto al cual estaba La Lobería, con sus inmensos lobos marinos siempre amontonados en una siesta perpetua. Al frente, una macisa mancha oscura que cerraba la ruta: el Cerro Morado, antigua chimenea de un volcán extinto, con su cima plana bordeada de afloramientos graníticos.

Nuevas Figuras

ImagenLa eventual desaparición de algunas de las actuales figuras será compensada con nuevos circuitos que se abrirán en el parque, cuyos nombres aún no fueron definidos, y por formaciones menores que esperan su oportunidad para ser oficializadas, aunque algunas ya tienen nombres populares o provisorios.

ImagenLa más notable es El Mapa de San Juan, una gran piedra en equilibrio, con una cara plana triangular que sugiere la forma de esta provincia. El guía también señala otras, como La Mulatona, El Perro, Las Lolas y La Mariposa, y es indiscutible que los motes se corresponden con la imagen, aunque luego algún funcionario o una comisión les dé un nombre más formal.

CIRCUITOS ESPECIALES

ImagenPara llegar al Cerro Morado existe un circuito pedestre hasta su cima, desde donde se aprecia una gran panorámica, y en cuyo recorrido se pueden ver grupos de guanacos entre la escasa y baja vegetación. Otros animales visibles son las aves, especialmente los rapaces que dominan el cielo y juegan con las corrientes de aire que los mantienen estáticos en las alturas.

ImagenLos circuitos de trekking son dos, ambos de baja dificultad, y recorren dunas y miradores naturales. Uno es de casi seis kilómetros y dura unas tres horas, en tanto el más largo, de ocho kilómetros, se extiende por cuatro horas y lleva hasta La Lobería.

Otro paseo es el del amanecer, que comienza poco antes de la salida del sol, para ver el astro asomar entre las rocas y las sombras de éstas encogerse rápidamente con su ascenso.

El paseo nocturno se hace sólo en plenilunios, desde tres días antes hasta tres después del fenómeno, y dura dos horas, en las cuales las figuras cambian su aspecto bajo la claridad plomiza de la Luna sobre el valle que lleva su nombre.

EL MUSEO

ImagenDespués de recorrer unos 40 kilómetros de senderos polvorientos bajo el sol, a veces se llega al lugar de partida con las primeras sombras y una temperatura que baja deprisa por la amplitud térmica del desierto. Entonces es oportuno tomar un café en el bar y dedicarle un rato al Centro de Interpretación del parque, montado por el Museo de Ciencias Naturales y atendido por estudiantes de biología y geología de la Universidad Nacional de San Juan.

Su joya principal es la réplica de un esqueleto del Eoraptor lunensis (armada en base a piezas halladas en el parque), que pese a su escaso metro de altura es el gran descubrimiento de la cuenca de Ischigualasto, por considerarse el dinosaurio más antiguo del mundo y consecuentemente el menos evolucionado de los que convivieron en el Triásico.

En diferentes espacios hay varias réplicas de otros animales, en especial saurios que vivieron allí cuando el valle era un vergel de bosques, ríos y pantanos, además de muestras explicativas de la conformación geológica del suelo y las elevaciones.- (CSM)

 

Gustavo Espeche ©rtiz

(Derechos reservados)

(*) La geoforma El Submarino se derrumbó parcialmente después que fuera escrito este artículo, por lo que su imagen actual no es la misma de las fotos presentes. Ver noticia y fotos respectivas, del 14/07/15, en esta misma página:  https://cronicasdesdelsur.wordpress.com/2015/07/14/se-desplomo-el-submarino/