La Cuesta del Portezuelo honra el poema que la hizo famosa

Cuesta del Portezuelo

Las bellezas del Valle de Catamarca que ofrece la Cuesta del Portezuelo son imponentes y sencillas a la vez: una inmensidad sostenida y encerrada como entre dos manos, hasta el horizonte, por los cordones de Ancasti y Ambato, con distintos tonos de verde, pueblitos desperdigados en la llanura y el camino largo que se pierde en lontananza, como lo describe con increíble síntesis y precisión el poema hecho zamba “Paisajes de Catamarca”.

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Queda poco por decir de la vista que se tiene desde la altura, pero es bueno dedicar unas líneas para describir un paseo por ese camino corto pero empinado como pocos que trepa caracoleando entre el bosque de la ladera y es la tribuna desde la cual Polo Giménez se inspiró para su obra.

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La Cuesta del Portezuelo es el lugar más visitado por los turistas que llegan a la capital catamarqueña, tanto por la fama que le dio el poema, especialmente luego que lo cantaran Los Chalchaleros (ver vídeo al pie) -a tal punto que algunos creen que es de su autoría- como por las vistas que brinda su recorrido.

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La avenida Presidente Castillo, que al salir de la capital hacia el este se convierte en Ruta Nacional 38, entra al departamento Valle Viejo al cruzar el río Del Valle en el sector de Tres Puentes, y recorre una zona llana, urbanizada primero y luego con sembradíos, hasta llegar al pie del cordón del Ancasti.

En la base, tras pasar la Villa del Portezuelo -tambien descripta en su aspecto y vida cotidiana en la misma canción- hace una curva pronunciada hacia el norte y sigue rumbo a Tucumán. En esa curva conecta con la ruta provincial 2 que continúa hacia el este, ya convertida en cuesta y en un sinuoso ascenso por la falda hacia el Portezuelo.

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LA SUBIDA

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En algunas curvas el camino se ensancha y por unos metros separa sus dos carriles para esquivar a algún viejo algarrobo o palo borracho que quedó en el centro de la calzada. Uno de estos gruesos árboles tiene un hueco en el tronco que obra de gruta y alberga un altar a la Virgen del Valle, de la cual todos parecen ser devotos en San Fernando del Valle, la ciudad donde más se la venera. Sería ocioso y hasta conflictivo quejarse en este lugar -como en otros de Argentina- por la contaminación óptica de los espacios públicos naturales apropiados por los católicos que colocan imágenes y altares en grutas, laderas, cimas y todo sitio atractivo de los paisajes naturales.

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MIRADOR

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_DSC2151En el medio de la explanada hay tres aún delgados palos borrachos y junto a la blanca muralla de contención donde los paseantes locales dejan sus bicicletas y motos, muchos turistas buscan un lugar donde posar para la foto con el telón del valle y el lejano cordón de Ambato a sus espaldas.

Sobre esa muralla también colocan sus productos artesanales vecinos de la zona, que venden dulces, mermeladas, aceitunas, aceite de oliva, vino patero y alfajores, entre otras exquisiteses regionales. Al reiniciar la subida, sobre la derecha hay dos grandes relieves en metal del autor de Paisajes de Catamarca y de  Atuto Mercau Soria, quien le puso música al poema, cuyos versos están escritos entre ambos.

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La cuesta, que semeja una serie de herraduras clavadas al cerro, fue construida en 1939 como una de las conexiones de San Fernando del Valle con Santiago del Estero, ya que más arriba empalma con la ruta provincial 11 que lleva a la provincia vecina.

Por ese motivo tiene una importante circulación vehícular, además de ciclistas que pasean o entrenan en el duro ascenso, para luego descansar aunque no relajarse en vertiginosos descensos que deben ser cuidadosamente controlados.

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Por el mismo camino también bajan a pie miles de peregrinos todos los fines de noviembre, algunos cargando cruces o imágenes santas, para participar de la anual fiesta de la Virgen del Valle, que se celebra cada 8 de diciembre en la capital catamarqueña.

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LA CIMA

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En los últimos 500 metros de ascenso, que representan un recorrido de algo más de 3 kilómetros, la vegetación se hace más espesa, con helechos y enredaderas en el sotobosque, y frondosos molles de hojas frescas, entre las que emergen centenarios cardones. Las rectas son más cortas y las curvas más frecuentes, por lo que dentro de los vehículos los pasajeros repiten un suave bamboleo como en una coreografía a causa de esta sinuosidad.

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En la cima de la cuesta hay un restorán y hospedaje con pequeñas cabañas del complejo Hostería Cuesta del Portezuelo, que cuenta con unos balcones en mirador, con piso y baranda de madera sobre el precipicio, desde donde el paisaje se repite, aunque con un mayor campo visual y todo allá abajo parece más pequeño que antes. Desde allí se ven varios tramos en «S» de la cuesta y también los detalles que describe el poema-zamba, entre ellos claramente dibujado el “camino largo que baja y se pierde”: la ruta 38 rumbo al norte.

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Estos balcones son además un lugar ideal para el avistaje de cóndores, casi imperceptibles desde el pie del cerro, pero que en la altura planean muy cerca de los turistas y a veces flotan inmóviles durante unos segundos sostenidos por las corrientes de aire, como posando para las fotos con el fondo de montañas y nubes. En los días despejados el sol y el aire seco pueden curtir rápidamente la piel de los recién llegados, especialmente de quienes permanecen largo rato en los balcones para observar en vuelo a la mayor de las aves continentales o quedan embelazados por la serena belleza del paisaje.

En la temporada húmeda, del bosque sube una espesa niebla y se forman algunas nubes que brindan un componente extra al paisaje, al quedar debajo del mirador, que está a 1.680 metros sobre el nivel del mar, cerca de un kilómetro más arriba de la base.

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Para sorpresa de quienes suben por primera vez, desde la cumbre del Portezuelo no sale un camino de descenso por el lado opuesto a la Cuesta, como ocurre con la mayoría de las montañas, sino que desde allí surge una planicie por la que corre la ruta 11. El terreno se mantiene llano en la altura cual meseta y comienza un suave descenso varios kilómetros más adelante, y el valle es visto entonces como una gigantesca depresión del terreno, dentro de la gran grieta que separa los cordones Ancasti y Ambato.

Cuando las condiciones del clima lo permiten, desde las cornisas que bordean la hostería de la cima es posible lanzarse en parapente, con instructores, y descender en el valle luego de compartir unos momentos el vuelo con los cóndores.- (CSM)

Gustavo Espeche ©rtiz

(Derechos Reservados)

Canción “PAISAJES DE CATAMARCA”, por Los Chalchaleros:

Los Chalchaleros

Los Chalchaleros

https://www.youtube.com/watch?v=QWrG_ACVvQU&feature=kp

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Vídeo subido a  Youtube por Gutavo Plaza, con algunas  imágenes de su propiedad.