OPINIÓN: El periodista de Turismo no hace turismo en sus viajes de trabajo

REIVINDICACIÓN DEL “FAM PRESS” COMO VIAJE LABORAL

El periodista de Turismo que viaja para escribir sobre un lugar no va a hacer turismo, sino a cumplir un viaje de trabajo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEs bueno que esto lo sepan los colegas que consideran a esta especialidad un privilegio y quienes lo ven de similar manera desde afuera de la profesión. Tampoco el periodista de Espectáculos que va a la ópera o a un festival de rock es público que disfruta del espectáculo; el de Deportes no va a la cancha a hinchar por su club o a las Olimpiadas a aplaudir las destrezas de los atletas, y el de Cultura no siempre gusta del libro que debe leer para hacer una crítica. En todos los casos es cuestión de trabajo.

Hay ciertas actividades laborales sobre las cuales el imaginario popular creó un concepto equivocado y no las considera un trabajo -que como tal merece la consecuente retribución salarial- sino algo placentero por lo que casi considerarían justo abonar una tarifa para desempeñarlas. Es el caso de azafatas, deportistas, catadores de vinos, degustadores de comidas y bailarines, entre otros.

Son actividades que quien las realiza las disfruta desde el lugar de alguien que hace lo que le gusta para vivir, pero luego de una elección y preparación previa (que desde el principio requiere al menos un mínimo de sacrificio), por lo que no son una gracia sino quizás un logro, pero un trabajo al fin. También disfruta, si eligió vivir de ello, una costurera, un pintor de brocha, un camionero y hasta algunos cartoneros han declarado a la prensa que no cambiarían esa tarea por ninguna otra en un lugar cerrado o sin la libertad que les hace sentir.

ImagenLos viajes de prensa a lugares turísticos, llamados “fam press”, no son viajes de placer sino de trabajo. Los destinos son los mismos a los que muchos van para disfrutar vacaciones o fines de semana, pero la actividad es distinta y no deja tiempo para el ocio o el placer del turista: Se cumplen horarios, se duerme poco, a veces se viaja apretado con otros colegas, no hay tiempo para disfrutar del paisaje ni del momento, sólo para unas fotos y anotaciones, no se lo puede compartir con seres queridos y a veces se debe dormir en cuartos de hotel con desconocidos.

AGENDA DE UN DÍA AGITADO

ImagenLos responsables del fam organizan generalmente una agenda ajustadísima, que obliga al periodista a levantarse muy temprano, recorrer numerosos lugares y realizar diversas actividades, para llegar a la hora de la cena agotado, al punto que algunos se van a dormir sin cenar. Esto ocurre porque en el lugar de destino, ante la llegada de los periodistas, todo el que tiene algo para ofrecer al turista quiere mostrarlo a prensa.

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De esa forma, el programa de un día tipo en una comarca de montaña puede ser el siguiente:

– Desayuno antes de las 7.

– Trayecto en combi (aproximadamente una hora).

– Trekking hasta ruinas arqueológicas en la cima de un cerro, con un rato para tomar fotos y notas.

– Descenso.

– Traslado por un bello camino de cornisa, en el que habrá sólo una parada de 10 minutos para tomar fotos en un mirador.

– Almuerzo, generalmente muy abundante y apetecible, pero del que la mitad quedará en el plato, ya sea por falta de tiempo o ante una actividad posterior en la que no es recomendable ir con el estómago lleno o somnolencia.

– Nuevo trayecto en combi.

– Rafting en un río de rápidos (la actividad que reclama estómagos vacíos).

– Visita a una granja o un viñedo típico.

– Visita a una reserva indígena y charla con sus jefes.

– Visita guiada a un museo cerrado o de sitio.

– Regreso ya de noche al hotel para un baño y cambio de ropas.

– Cena en un buen restorán, donde habrá algunas autoridades locales conversando con los periodistas durante la comida. A veces se organizan entrevistas o conferencias de prensa.

– Traslado al hotel (puede haber propuesta de los anfitriones o autoridades para ir a un casino, una whiskería o una discoteca, pero la mayoría estará agotada y declinará la oferta).

– Seis o siete horas para dormir. Al día siguiente habrá que levantarse temprano para una jornada similar o, en el peor de los casos, para trasladarse a otro hotel en otra localidad en la cual habrá también mucho por conocer, antes de ir a una tercera en el mismo viaje.

Los que deban escribir y enviar sus notas o quienes tengan que seleccionar, editar y enviar fotos en el día tendrán menos horas para dormir, lo mismo que los que compartan habitación con otro que es sonámbulo, ronca, bruxa, sufre de insomnio u otro trastorno de sueño, o si debe de a ratos llamar a su familia o su empresa. Posiblemente no llamará desde el cuarto, pero saldrá y entrará varias veces en la noche (a veces es uno mismo quien debe hacerlo).

ImagenLos servicios que brindan a la prensa son generalmente de calidad, dentro de lo que puede ofrecer el destino -no es lo mismo un gran centro turístico que una pequeña aldea-, lo mismo que la atención. Las comidas son buenas y abundantes, también las bebidas, y los cuartos confortables. Cuando se debe dormir en carpa en la alta montaña, con nevadas, vientos o apunamiento, es otra cosa, lo mismo que si se duerme en cabañas improvisadas en la húmeda selva tropical, con 40 grados a la noche, nubes de mosquitos y otros insectos merodeando en derredor.

TODA ESPECIALIZACIÓN ES DIGNA

ImagenNo es un castigo viajar para escribir de turismo. Hay coberturas que son más difíciles y riesgosas, como las de inundaciones, terremotos u otras catástrofes naturales, golpes de estado, conflictos sociales y guerras (de hecho, quien escribe estas líneas ha efectuado precisamente todas estas coberturas mencionadas, entre otras, durante muchos años antes de dedicarse a Turismo). Pero ningún enviado especial, ni el corresponsal de guerra, se queja. Si alguno no quisiera ir, puede negarse (aunque en ese caso debería ir pensando en cambiar de profesión), pero todos cumplen con su trabajo, corren riesgos, peripecias, se cuidan y disfrutan el placer de hacer lo que se desea, y hacerlo bien. También el de Turismo.

CUANDO EL MAL ESTÁ EN LAS REDACCIONES

Si alguien describe estas contras de las coberturas de turismo ante sus colegas, a menudo alguno le responde “pasamelo a mí que yo lo hago con gusto” o “avisame que voy yo”, y están los que lo piden como favor o por amistad para pasar unos días al aire libre, pero cuando tienen la oportunidad muchos se ven imposibilitados de hacerlo o lo hacen mal.

ImagenComo editor de Turismo de un medio periodístico de alcance nacional, quien escribe esto puede referir casos de personas que tras incorporarse a la sección Turismo descubren que no pueden viajar porque tienen niños en edad escolar, un familiar mayor postrado que requiere atención constante o un cónyuge celoso que no admite tantas noches de ausencia. Otros se acuerdan entonces que sufren de vértigo, que los trayectos en coche por caminos de ripio o las cabalgatas le afectan la columna, que su salud requiere una alimentación especial o que tienen pánico a los aviones. Y hasta está el caso de una reconocida periodista y editora que no viaja en avión porque se niega a estar más de una hora sin fumar.

Quizás uno de los peores daños al periodismo especializado en turismo lo causan los propios jefes de redacción o directores de medios que consideran estos viajes como unas vacaciones extras y lo administran como un premio. Una editora de una agencia de noticias distribuía las invitaciones de turismo como recompensa a sus allegados, ya sea porque consideraba que trabajaban bien, porque le eran fieles, porque se merecían unas vacaciones o para compensar algún día feriado trabajado y no cobrado, y hasta entregó un viaje a su hija porque la actividad a cubrir le era útil para sus estudios de antropología. Un jefe de redacción de una revista los utilizaba como forma de pago para pasantes que hacían sus primeras armas en el periodismo y no recibían remuneración alguna por su trabajo.

ImagenNo es frecuente, pero a veces en los fam press aparece gente que no es periodista, o algunos periodistas que, muy sueltos de cuerpo admiten que no saben nada de turismo y que ni siquiera van a escribir sobre el destino, porque son de otras secciones -Policiales, Deportes, Gremiales- pero recibieron el viaje como premio de parte de los jefes, por alguna deuda personal o para no desperdiciar una invitación que se les hizo de buena fe, y generalmente están liberados de la contraprestación de escribir al menos una nota sobre el viaje (es decir, de trabajar).

Ese supuesto periodista de turismo colaborará también a la distorsión de la imagen de esta especialidad, ya que durante el fam no asumirá compromiso alguno y al considerar que está en un viaje de placer irá sólo a los circuitos que le interesan en lo personal, faltará a entrevistas y conferencias de prensa -o en ellas hará preguntas absurdas y dirá perogrulladas-, descansará cuando esté cansado, tendrá tiempo para disfrutar de la pileta o el spa del hotel, salir de noche a divertirse y dormir durante los traslados. Luego en la redacción y el barrio se jactará de esta experiencia y así fomentará el mito del placer bonificado de los periodistas de Turismo.

LO MEJOR SON LAS VACACIONES

Rioja10576También el periodista especializado en Turismo que por trabajo viaja con frecuencia a lugares de descanso, entretenimiento, aventura o experiencias límites, a los que el común de la gente va una sola vez al año, espera al igual que todo trabajador la llegada de sus vacaciones para ir a uno de esos sitios, pero no a trabajar sino a disfrutarlo, y con quien él desee compartirlo.

Así podrá  quedarse dos horas contemplando el correr de un río, aguardar el tiempo necesario para que se pose un pájaro al que quiere fotografiar, tirarse a nadar en un lago, subir y bajar en esquíes un cerro decenas de veces pagando su entrada, hacer un fogón y preparar su propia comida en un camping o contemplar las estrellas hasta que lo venza el sueño y, sobre todo, darse el gusto de dormir cuantas horas el cuerpo le pida, que para eso están las vacaciones.- (CSM)

 

Gustavo Espeche ©rtiz

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