Trekking con raquetas por la nieve, al límite

DSC_8183La nevada arreciaba sobre lengas y ñires, que inclinaban sus ramas bajo el peso de los copos acumulados; todo era blanco y sólo una angosta franja oscura marcaba una huella sobre la ruta 231, por la cual los vehículos avanzaban lentamente de Neuquén hacia Chile, con cadenas en las ruedas. Nadie querría abandonar las cabinas calefaccionadas, pero justo en el límite internacional dos combis se detuvieron y un grupo se apeó, se calzó raquetas y pronto se alejó hacia los prados hasta perderse en un bosquecillo apenas visible en ese mundo níveo.

DSC_8156Quienes seguían por la ruta miraban esa mancha oscura y apenas visible que como una patrulla perdida se alejaba bajo la nevada y quizás especulaban con algún escape del país o entrenamiento de grupos especiales. Eran sólo turistas entusiastas del trekking con raquetas, que habían partido de Villa La Angostura, un centro invernal a 37 kilómetros del paso internacional Cardenal Samoré, donde esta actividad tiene una creciente demanda.

EN EL LÍMITE

El grupo, del que participó CSM, era liderado por Fabián Fasce, un reconocido guía de montaña local que a pocos metros del cartel que da la bienvenida a Chile organizó la distribución de raquetas y bastones, dio las instrucciones a los debutantes y encabezó la fila india que comenzó a subir el cerro Mirador. La experiencia se realizó en la “tierra de nadie”, una franja entre las aduanas argentina y chilena que se convirtió en  uno de los lugares ideales para este tipo de senderismo en la zona.

DSC_8153Fasce explicó que la extensión y duración de los paseos depende del ánimo de los participantes y las condiciones climáticas, que determina la dificultad de la caminata, que comienza en subida a través del bosque. En esta oportunidad, presentó las dificultades que generaba la persistente nevada, que arreciaba o amainaba de a ratos, con copos de diverso tamaño, que a veces se convertían en granizo,  y algunas ráfagas de viento. El piso de nieve era muy blando y profundo y sólo las raquetas impedían hundirse hasta la cintura.

Esas condiciones impidieron disfrutar del espectáculo visual que brindan los días despejados, con las praderas arboladas, cuando el blanco contrasta con el verde de las hojas y el azul del cielo sobre los volcanes chilenos Puyehue, Casa Blanca, Osorno y Puntiagudo, invisibles en esta oportunidad. Pero el placer de este paseo estuvo precisamente en el desafío de avanzar, pese a las inclemencias climáticas, por un paisaje nevado también singularmente bello.

DSC_8193El guía comentó que se trata de una actividad “segura, de escaso riesgo y que la pueden practicar desde niños -acompañados de adultos- hasta personas bien mayores, como un señor de 80 años que completó el recorrido sin problemas, esta semana”, y añadió que “todo depende de la condición física y la cabeza de cada uno”. Debido a que se ingresa a Chile, un requisito indispensable es contar con documentación que permita cruzar la frontera.

Fasce vive en La Angostura y es habitualmente requerido para asesoramiento en cuestiones de seguridad, especialmente durante la organización de competencias y travesías de montaña, cada vez más frecuentes desde la villa. También participó en operaciones de emergencia y rescates encabezados por Parques Nacionales.

LA EXCURSIÓN

DSC_8214Al iniciar la marcha, una indicación importante del guía fue que la columna siguiera sus huellas y todos evitaran abrirse de esa línea,  ya que con cada pisada la nieve tomaba mayor consistencia y facilitaba el caminar; otra, nunca retroceder, ya que el diseño de las raquetas las acondicionaba para caminar sólo hacia adelante.

Al llegar a una cresta del cerro, se detuvo unos metros antes del borde y explicó que si alguien avanzaba más allá de ese punto –que a primera vista no parecía diferente a cualquier otro- correría serio riesgo, ya que ahí empezaba una cornisa de nieve que no soportaría el peso de una persona y cualquiera se desbarrancaría. Como ejemplo, señaló formaciones similares a la distancia, que vistas desde abajo mostraban la visera inestable que formaba la nieve en sus bordes, sobre barrancos de varios metros de altura.

DSC_8158DSC_8208“La nieve es blanda y suave, pero un metro cuadrado puede pesar unos 600 kilos, por eso siempre hay que mantenerse arriba de ella”, comentó Fasce con cierto humor.

DSC_8169Hubo una parada de descanso y relax en otro pequeño bosque, durante una pausa de la nevada, donde los turistas se tomaron fotos y jugaron con la nieve, y luego comenzó el último tramo hasta la parte más alta del Mirador. En ese lugar, en honor al nombre del cerro, en los días despejados se tienen unas buenas panorámicas de cerros más bajos, bosques y volcanes, lo que en esta oportunidad fue reemplazado con la vista de un arroyo semicongelado al fondo de un barranco y la inmensidad blanca que cubría todo el derredor bajo el cielo encapotado.

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RETORNO

DSC_8239Desde allí, tras otra pausa comenzó un suave descenso. Casi nadie advirtió que dos de los tres ayudantes de Fasce habían quedado en el último bosquecillo, y al volver al lugar éstos habían excavado, apilado y modelado la nieve hasta armar un par de mesas y asientos en bloques. De un hueco protegido por ramas a pocos metros surgía un vapor con un delicioso aroma a especias.

DSC_8254El cocinero del equipo tenía listo el almuerzo: guiso de lentejas, con panceta, ternera, chorizo colorado y papas, acompañado de gaseosas, agua o vino tinto, un crocante pan tipo francés y chocolates para el postre.

Tras recuperar energías y temperatura con el almuerzo, algunos parecían tener ganas de quedarse a vivir en ese descanso, pero la mayoría se divirtió con la práctica de “culipatín” en una pendiente que forma un tobogán natural de una decena de metros, en la que sólo hubo que alisar la nieve previamente con las tablas y luego con las primeras bajadas. Mientras algunos se deslizaban con agilidad y otros tropezaban o rodaban casi todo el tiempo, la nevada se hizo más fuerte y los copos precipitaban casi horizontales por el viento hasta disminuir la visibilidad a unos pocos metros.

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DSC_8305Fasce armó dos grupos con sus ayudantes para el último tramo, que se concretó ya bajo un temporal en el que era imposible divisar siquiera los colores de las ropas, que servían para identificar a los conocidos. El manto blanco en el suelo era más alto que a la ida y a veces los bastones se hundían hasta hacer perder el equilibrio, pero la caminata en descenso fue menos cansadora.

Pronto, el grupo llegó al bosquecillo donde comenzó la excursión y a la ruta internacional, donde esperaban las combis y termos con bebidas calientes.

DSC_8314Dentro de los vehículos se derritió la nieve acumulada especialmente en hombros, mochilas y gorros, empapando el piso.

El regreso hasta “la civilización”, es decir Villa La Angostura, fue tranquilo a cargo de Fernando Ávila, otro experto en la nieve y la montaña, aunque en el rubro de transporte de personas. Sólo se interrumpió en el puesto de Migraciones, 20 kilómetros antes, para realizar los trámites de reingreso a Argentina.- (CSM)

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Por Gustavo Espeche ©rtiz

(Derechos reservados)

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